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martes, 4 de junio de 2013

EL DESGASTE Y AGOTAMIENTO PSICOLÓGICO DEL ENTRENADOR



Los entrenadores al igual que los deportistas a los que entrenamos estamos expuestos continuamente a múltiples situaciones estresantes, realizando diariamente un gran número de tareas que nos exige un constante sobreesfuerzo físico y mental.
Sin tomarnos apenas descanso, debemos rendir al máximo para enfrentar los retos que se nos presentan y lograr resultados satisfactorios.
Entre nuestras funciones está la de coordinar y liderar a todos nuestros colaboradores. Esto implica estar preparado para asumir responsabilidades y riesgos, teniendo que tomar decisiones difíciles, y actuar con rapidez, para lograr el máximo rendimiento de todos y cada uno de los miembros del equipo. Y todo esto bajo una constante evaluación social, de la cual es muy difícil aislarse.
Expuestos a tales situaciones estresantes, los entrenadores somos víctimas de una sobreactivación que nos obliga a realizar un sobreesfuerzo físico y psicológico para controlarlas eficazmente, produciéndonos un considerable y paulatino desgaste.
Muchos entrenadores disponemos de los recursos apropiados y los empleamos adecuadamente para hacer frente a las situaciones estresantes propias del alto rendimiento, pero esto no significa que el estrés esté controlado. Además debemos aprender a utilizar estrategias que nos ayuden a restablecer la energía consumida y recuperarse bien del sobreesfuerzo realizado en la utilización de tales recursos.
Resulta por tanto trascendental, que los entrenadores, incorporemos a nuestro repertorio de habilidades de liderazgo, las de recuperación física y mental, de lo contrario irán sufriendo un desgaste paulatino y progresivo, que repercutirá negativamente en nuestra salud y nuestro rendimiento, derivando en agotamiento físico, como consecuencia del constante sobrefuncionamiento del organismo.
Los entrenadores al igual que los jugadores para lograr un funcionamiento optimo, necesitamos descansar, desconectarnos e intentar buscar en la medida de lo posible un equilibrio entre la vida laboral y personal. Esto, que visto desde fuera parece sencillo, a muchos entrenadores no nos resulta fácil de llevar a cabo ya que somos personas muy perfeccionistas, con una autoexigencia y autocrítica tan elevadas que no nos permite funcionar de otra manera.





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