Antes de empezar a trabajar con un equipo en los aspectos
tácticos concretos hay que asentar muy profundamente en el equipo, en toda la
plantilla de jugadores, unas pautas de conductas generales en las que ha de
asentarse todo el trabajo técnico-táctico posterior. Hay que modificar una
forma de vivir, una forma de pensar, una forma de sentir, para luego
trasladarlo a una forma de jugar. Para conseguir este áurea de motivación hay
que tener una metodología personal importante.
La misión que debe tener un entrenador es crear siempre una
buena cultura táctica en el futbolista. Para sentir, asimilar y desarrollar bien
una táctica, primero hay que tener una buena cultura personal. La cultura
táctica lo es todo: es enseñar al jugador a interpretar, a sentir, a leer todas
las situaciones del juego; sobre todo viene cifrada en haber dado el futbolistas
muchísima información táctica (proceso que lleva una gran cantidad de tiempo)
para que al final sea él quien decida en cada momento del juego.
El jugador no tiene que perder nunca el valor cognoscitivo
del juego bajo ningún concepto. Que no
se trate de una inducción a una respuesta, sino que debe tener un abanico de
respuestas que el entrenador plantea al jugador para que él elija la más
adecuada, o que elija otra respuesta de ejecución que no es de planteadas
previamente pero que también es correcta y eficaz; en este caso el jugador
habrá inventado una respuesta que tiene sentido, lo que es todavía mejor.
La cultura táctica parte de la razón del juego. Hay que
crear la inteligencia táctica para seleccionar la respuesta. Lo importante es
que el jugador busque una razón del porque hacer las cosas, aunque las haga mal
en cuanto a ejecución porque le puede salir mal un gesto técnico, pero que no
se equivoque en la intensión, que elija bien, que elija bien el porqué, aunque
no le salga bien luego lo demás.
El jugador ha de conocer el porqué de cada cosa y para esto hay
que conocer el juego. El porqué solo se puede conseguir cuando uno cuenta con
argumentos. En ese porque del jugador es donde tiene que estar la cultura
táctica. No es importante que el jugador aprenda fundamentalmente a
jugar con tres, cuatro o cinco defensas,
jugar reduciendo espacios, jugar marcando en zona o al hombre o marcaje
mixto, independiente de esto, lo importante es que el jugador sepa resolver
cualquier tipo de situaciones por sí mismo, cualquier tipo de situaciones,
basado en una buena cultura táctica.
Al final todo está relacionado con la ejecución, si la
ejecución es mala no se consigue nada. La táctica es la razón para hacer las cosas y la técnica es el medio de ejecución.
Desde la perspectiva metodológica hay que buscar algo que
parezca difícil: hay que crear en el jugador la motivación para que encuentre
sentido en el trabajo táctico que realicemos y que se sientan implicado en
ellos. Antes de meterse en planteamientos tácticos concretos hay que buscar
argumentos para crear en el jugador un estado de necesidad por conocer el
juego, que sienta la necesidad de saber porqué y para que juega. Porque sin
esto no sirve de nada meterse en trabajos tácticos. Si el jugador no es
receptivo ante el trabajo táctico se estará produciendo el efecto contrario,
cogerá manía a algo que para él será el mapa sobre el que podrá conducirse.

Reside en el razonamiento de lo que va a realizar el jugador,
en la prevención de situaciones antes de que éstas se produzcan. Un jugador
inteligente tácticamente es aquel que en un partido “viscoso” sabe ver con
claridad cuáles son las pautas a seguir, y esto está relacionado con la lectura
de las situaciones que han sucedido, las que están sucediendo y las que pueden
suceder a partir de lo acaecido hasta el momento. Es un jugador que descifra
bien los acontecimientos y que puede transmitírselos en un momento determinado
a sus compañeros, porque no es suficiente con que lea todo, sino que tiene que
inducir a los demás a modificar un comportamiento táctico.
La Memoria táctica
Es un concepto mucho más arraigado en lo personal, a través
de determinadas situaciones que a uno le van sucediendo. Es algo irreflexivo
que los jugadores van ganando por sí mismo. La memoria táctica todo el mundo la
tiene, se puede tener más o se puede tener menos. Cuanto más información se
haya tenido, la memoria táctica del jugador será más y mejor. Se puede decir
que la memoria táctica es crear experiencia de las situaciones vividas relacionadas
con el juego.
La habilidad táctica
Es más difícil de definir. Está relacionada con la gama que el jugador tenga
para resolver las situaciones que se le presentan durante el desarrollo del
juego. Se trata de la cantidad de posibilidades que cada uno le encuentra, por
si mismo, a la misma situación.
Un jugador con habilidad táctica es aquel que sabe plantear muchísimas soluciones al mismo problema, si luego, además, elige bien ya se
trata de un jugador excepcional en este aspecto.
La táctica tiene que pasar necesariamente por la compresión
y para comprender algo tenemos que tener la información adecuada sobre ello en
relación a los siguientes conceptos: ¿Por qué?, ¿para qué?, ¿cómo?, ¿cuándo?, ¿dónde?,
y ¿quién o quiénes?, esta es la clave. Todo esto lo tiene que explicar y
razonar el entrenador, también se lo tiene que preguntar a sí mismo el propio
jugador para comprendedlo y se lo tiene que preguntar al técnico cuando quiera
alguna aclaración.
JAVI BLANCO
Referencias bibliográficas.
(Training fútbol).
(Fútbol táctico).
(Estructura y dinámica
del juego).
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